lunes, 6 de febrero de 2012

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“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera , y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar”. Cito, murmuro despacito, mientras te miro dormir, y con un dedo no llego a  tocar el borde de tu boca entreabierta.

Me sé el capitulo siete casi de memoria (aunque no es muy largo, es un orgullo). Después de tocar el borde de la boca, me toca imaginarlo y rehacerlo. Ver si las bocas que invento, calzan con la tuya. Pero no le toco la boca, en cambio, imagino tu cara en la sabana, y sin mirarte, sigo haciendo bocetos, dándome cuenta del nulo sentido de la proporción que tengo cuando siento tu pelo rozando mi mano, barriendo lo que yo imagino. Toco tu pelo, más real que cualquier poema o boca imaginaria, y lo enredo entre mis dedos. No es un pelo suave, pero me encanta hacer eso, de manera casi imperceptible. Ya no tengo sueño, me siento como recién despertada aunque está anocheciendo. Y aunque estoy aburrida de tanto silencio, y de esa respiración acompasada, no quiero irme.

Te sigo mirando dormir, con tu boca entreabierta. Te aparto el pelo de la cara, aunque sé que no te molesta. Pienso en darte un beso, pero no lo hago. No puedo ni tocar su boca.

Me levanto muerta de frío, y pongo una almohada a tu lado, esperando que tape el hueco que mi cuerpo deja. Me pongo el primer polerón tuyo que encuentro, empiezo caminar y me arrepiento de no haberme puesto zapatos, porque siento las baldosas congeladas debajo mio. Además son tan oscuras, con la poquísima luz que entra por la ventana se ven casi negras, y siento que tengo frío hasta en el pelo. Nunca me acuerdo donde está la luz en la cocina, así que tanteo la pared, buscando con las manos encontrarla y poder así echar a las baldosas negras. Aprieto el interruptor, está al lado de un recorte de la datoavisos, siempre pienso en eso como referencia, pero claramente al tacto no se siente. Pongo el hervidor, dos cucharadas de nescafé, y tres de azúcar. Corro una silla, y me siento arriba de la mesa. Me carga sentir el frío de las baldosas en los pies, En serio.

Entro en su pieza, y me acurruco en el marco de la ventana. Dejé el café en la cocina, porque por más que lo soplé,  igual terminé quemándome la boca. Te miro dormir, seriamente tu cara es demasiado inocente. Demasiado. Los ojos cerrados relajadamente, la boca rosada y entreabierta.

Está abarcando casi toda la cama, abrazando la almohada que yo había dejado como reemplazo. Desde la ventana vuelvo a murmurar a Cortazar. Dibujo su boca desde lejos. La tapo con un dedo, me imagino rozando toda su cara, mientras me muero de frío.

Decido ponerme mis chalas, con ganas de pegarle al que lee el tiempo, y que me juro calor eterno.
 En cuclillas al lado de tu cama, te vuelvo a mirar. No, definitivamente no voy a volver a dibujar tu boca, tampoco voy imaginarme que tu saliva sabe a jugo, ni siquiera voy a volver a enrollar tu pelo. Toco mi boca, y le doy un pequeño beso a mi dedo. Dibujo tu boca en mi dedo, y rozo con mi dedo tu frente.

Al irme, apago la luz de la cocina, y prendo las del pasillo. Ojala cuando te despiertes no sientas que las baldosas son negras, y no me odies por haber logrado imaginarme tu boca solo en mi dedo. 

Y pasó por un zapatito rojo

Siempre taconeaba , donde ella estuviera también estaba el sonido de sus tacones, de los que no se separaba nunca, pues era tan menudita que aunque los usara era una pequeña señora, y quizás por eso era tan fuerte su pisada, pues así se notaba un poco más.
Y usando sus tacones favoritos, los de charol rojo brillante, salía a hacer todo lo que para ella era importante, y en ese momento lo más importante era botar al dictador, ese hombre sanguinario que se había tomado el poder. Entonces ella, marcando siempre su rápido caminar, salía a aplanar las calles, y junto a otros valientes taconeaba su impotencia, asumiendo el riesgo de que la llevaran detenida. Como ocurrió esa tarde, en la que quizás fueron los tacones rojos los que le impidieron huir más rápido, pero fue con esos mismos tacones que golpeó furiosa las pantorrillas de sus captores. Con ellos taconeó, orgullosa y con la vista tapada, por los pasillos en los que era arrastrada hacia la tortura. Nunca abrió la boca, y se aferró tanto a sus ideas como a sus zapatos.
Tiempo después, solitos los zapatos llegaron a la orilla de una playa, separados por metros y basura, sin nadie que llenara de fuerza su charol rojo. Y ahí, donde las parejas se dirigían a ver la puesta de sol, estaban ellos, todavía llamando la atención. Muchos al ver ese rojo, cada vez menos furioso, solo arrugaban la nariz. Otros se preguntaban por qué esos zapatos estaban ahí, pero nunca nadie imaginó que su dueña ya estaba deshecha en el mar, y que esos zapatos iban a seguir ahí, recordando el porqué una diminuta mujer salió a hacer sonar su paso por última vez.



Rayito perdido

rayito perdido .

" Cuando un sol equivocado busca a tientas..."corté la frase,por qeu eso fué lo que me quedó. pero esa frase hoy en literatura me hizo imaginarme un montón de cosas, y me dieron ganas de escribir dos montones más.
Se acuerdan de esa sensacion qe da en invierno, cuando un día entre miles sale el sol? y uno trata de alegrarse, por qe claro, el sol es el sol. Pero por lo menos a mi nunca me funciona, es como pucha, igual bonito, la cordillera se ve linda, pero igual el blanco invierno de mi cara se ve peor si hay sol, y me pican los ojos, o traje paraguas, y me da lata andar cargandolo para todas partes, y la negatividad me gana, y termino por desearle la misma muerte al sol, tan inmortal.
Eso es desearle la muerte a todas esas cosas que son bonitas, pero se les ocurre aparecer en un momento en que el ánimo no anda para lindas extravagancias, y que obvio, uno trata de aprovecharlas, de aprovechar a ese rayito de sol que se animó y salio en pleno mayo o pleno mes en que el sol perdió la costumbre de salir, pero uno trata de seguirlo, y lo único qe descubre es que justo en el lugar donde realmente llega hay una poza, o que esa ilusión de calor te hace desabrigarte, y finalmente terminas muerto de frio.
Y eso pasa ahora, cuando el año está siendo tan fin de año, que lo unico que siento es que ya se acabó, pero el desgraciado lo único que hace es seguir existiendo, y yo sigo arrancando de la sensación de que ya pasó la vieja.


Julio 2008